Mi hermana no era solo mi hermana.
Mi hermana era también madre de sus hijos. Era hija de mi madre y de mi padre y mujer de su marido. Era amiga, paciente del hospital, compañera de inglés, catequista, profe.
Era primi y «cuñá»…
Era la tía A…
Mi hermana tenía una cara que mostrar a cada persona, según el contexto.

Sin embargo, los que llevamos aquí toda la vida, los que hemos recorrido con ella su camino de principio a fin, sabemos que Arantxa, mi hermana, no era solo una de esas caras.
Arantxa era poliédrica. Compleja y fascinante. El resultado de unir caras, vértices, aristas y planos. Una mujer irrepetible, única, extraordinaria en sus luces y sombras, distinta según reflejara en ella la luz.
Para casi todos, mi hermana era una luchadora. Una «guerrera», una «campeona», dicen. Pero la verdad es que mi hermana no quería luchar. Al menos no quería que le hubiese tocado luchar tanto.
Lo hizo, sí. Luchó. Y fue un ejemplo para todos, sí… pero lo cierto es que ella no quería.
Ella solo quería vivir y estar bien. Quería no tener dolor. Quería no saber lo que es vivir en la cuerda floja, en la incertidumbre. Ella quería ver crecer a sus hijos preocupada solo por las notas y por la hora a la que llegaban… y no por qué sería de ellos si ella faltaba.

Quería vivir una vida plena. Plena como la de todos los demás… es decir: normalita… con su cansancio después del trabajo, el estrés de la rutina, los veranos en el pueblo, las barbacoas con karaoke, los gritos en casa por los calcetines que no van solos a la lavadora, las navidades juntos y esas cosas que no solemos apreciar.
Ella quería conocer a sus nietos y enterrar a su madre dentro de mucho tiempo, como tiene que ser.
Mi hermana quería sentarse conmigo en el jardín de la casa nueva del pueblo con un vino. Viendo la vida seguir su curso.
Pero le tocó pelear. Y perder.
Y yo, que admiro y envidio a las personas que justifican lo injustificable apoyados en la fe, o en la magia, o en la energía… me encuentro aquí parada, delante de su cuerpo sin vida, buscando una explicación a toda esta mierda y pensando que todo esto solo es, con perdón de la expresión, una putada muy gorda.
Que para mí todo esto solo es el final de algo muy chulo. De algo precioso y divertido. Como cuando encienden las luces y te echan de una fiesta de la que no te quieres ir.
De una fiesta en la que no has podido parar de reír.

Y ahora resulta que me toca ser fuerte. Me toca hacer un esfuerzo y, a pesar de todo, agradecer a la vida la oportunidad que le dio de cambiar el foco. De evolucionar y hacer brillar todas esas caras. De mostrarnos la belleza del conjunto. De compartir la bondad, la gratitud y la felicidad a manos llenas de los últimos tiempos.
-Solo los que llevamos aquí desde el principio sabemos de lo que hablo-
Nenica. Hermanica, mi «harmanica» del alma. No puedo ni imaginar lo que te voy a echar de menos. No puedo imaginar nuestra vida sin ti. Sin todas tus caras.
Todos, nenica, todos somos los que somos porque te conocíamos.
Yo, al menos, soy lo que soy solo porque tú eras mi hermana mayor.
Porque eres mi hermana.
Y así seguirá siendo.
Para siempre. 🤍

DEP (05-03-24)
Llorando como el día que lo leíste…no sé ni quiero saber si algún día superaré este trago tan amargo, si podré digerir este sapo tan gordo que me he comido; sólo sé que no doy un paso, que no tomo una decisión sin preguntarme por qué ya no está aquí?, por qué no la veo?, por qué no me aconseja?, por qué no me regaña? por qué se ha ido asi: tan callada…tan sin saber que se iba… sin libro de instrucciones… sin un adiós, sin un beso…
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