Frío enero

Tomé la decisión de separarme embarazada de mi pequeña Plon. Apenas me quedaban  dos meses para dar a luz, pero yo ya no podía más. Recuerdo perfectamente el momento, ese instante en el que abrí los ojos, miré mi vida de frente y supe lo que tenía que hacer.

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Teje que te desteje

Estas vacaciones he aprovechado para contratar un nuevo seguro para mi coche. Mejor precio, mejores condiciones… esas cosillas. Lo he contratado con una empresa que tiene una política específica para mujeres conductoras cuyas ventajas se engloban bajo el nombre de un personaje griego femenino, esposa del protagonista de una afamada obra y símbolo universal de la fidelidad conyugal y la castidad.

“Empezamos bien”, pensé.

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El mundo está lleno de mujeres y hombres buenos

Ayer MisMonas y yo cantamos esta canción en el coche y decidimos incluirla para siempre en nuestra lista de Spotify. 
Les conté que la mamá de Gabriel había pedido que la escucháramos todos porque fue la última que bailó con su hijo. Su bebé. Su Pescaíto.

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Nada de harakiris

Para ti, mi otra hermanica. La rubia.
Por nosotras, las reinas del harakiri.

 

Sí, es cierto: podía haberlo hecho todo mucho mejor. Lo reconozco.

Lo hice fatal.

Todo.
En general.

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…Pero no te olvides de Forges

Vivíamos en L’Hospitalet, así que yo debería tener unos cinco o seis años. Mis padres se reían mirando una revista y yo me acerqué a curiosear. Era un chiste de Forges, pero yo no lo entendía.

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Papá

Recuerdo la primera vez que lo vi llorar. Se había muerto un amigo, ahora entiendo que demasiado joven, aunque entonces a mí me parecía que ya habían vivido lo suficiente. No sé cuántos años tendría yo, pero pocos. Estábamos en la cocina de nuestra primera casa y él lloraba desconsoladamente. Decía que era injusto y temblaba, apoyado sobre la encimera. Me asusté. Me asusté porque en mi mundo los papás no lloraban. Nunca había visto a uno llorar… y menos al mío.

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19 de octubre

Siempre me han dado un poco de repelús los “Días Mundiales de”. De lo que sea, me da igual. El de la Mujer Trabajadora, el Del Niño, la Niña, el Del Abuelo, el Del Espíritu Santo… No me gustan. No sé muy bien por qué, pero ni me mueven ni me conmueven. Es más, en mi caso son contraproducentes. Me enfurruño cuando empiezo a recibir lacitos rosas, o verdes, o azules, o negros… y mensajes absurdos que dicen que nosotras podemos con todo…

¡Con todo! ¡Nada más y nada menos!

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