Harmanica,
Me gusta hablar de ti con mi psicóloga.
Se llama Clara y es muy mona y ya conoce los momentos en los que más falta me haces.
Como este.
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Harmanica,
Me gusta hablar de ti con mi psicóloga.
Se llama Clara y es muy mona y ya conoce los momentos en los que más falta me haces.
Como este.
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Supongo que estarás harto de recibir mensajes de despedida.
Cansado de reproches, de que todos deseen que te acabes y que te vayas.
Que te vayas y que no vuelvas.
Por eso te escribo.
Porque me parece injusto tanto desprecio.
Y no quiero que te acabes sin despedirme de ti… y sin darte las gracias.
Gracias por la inesperada felicidad.
Por la ilusión.
Gracias por las risas, las mariposas y los calambritos. Por las chispas.
Gracias por los mensajes bajo las sábanas y las noches en vela.
Por el vino, las estrellas, los peces y los Beatles.
Gracias por los pinos. Por la nieve y el mar. Y por la pista de patinaje.
Gracias por la moto y el viento en la cara.
Gracias por los besos.
¡Por tooooodos los besos!
Por las caricias, la piel, las pupilas, las ganas, las lágrimas y el deseo.
Gracias por darnos la oportunidad de mirarnos de frente.
Y recorrer juntos este camino.
Gracias por los niños.
Cuando están… Y cuando se van.
Gracias por dejarme saber qué se siente
cuando te aman como tú amas.
Y de pronto todo encaja.
Sería absurdo negar que algunas cosas te han sobrado.
Lo de los piojos en Nochebuena no te lo perdono… 😉
Por todo lo demás…
Gracias. Muchas gracias.
Ojalá no te acabaras nunca.

P.D.: Y… gracias por el champagne… y la foto.
Que coman sano.
Fruta y verdura a diario.
Fibra, que beban agua, que vayan al baño.
*Nota aclaratoria: Escrito en femenino por pura comodidad.
Úsese también en sentido contrario si fuera (o fuese) necesario
En ocasiones acabamos atrapadas en relaciones imposibles porque nos erigimos en salvadoras del otro. En sanadoras, cuidadoras perpetuas, hombros siempre dispuestos a consolar llantos ajenos.
Atendemos y tenemos en consideración traumas de la infancia, problemas antiguos y recientes, conflictos con madres, padres, exparejas y otras faunas, ansiedades y angustias varias, miserias de todo tipo. Por comprender, comprendemos hasta lo incomprensible. Entendemos lo que, desde fuera, nos extrañaría que alguien fuera capaz de entender. Abanderamos causas que ni siquiera sus responsables atienden.
Daganzo de Abajo desapareció entre la bruma del recuerdo hace más de un siglo. Sus últimos vecinos de entonces, empujados por la soledad y la despoblación, se repartieron entre las localidades de Ajalvir, Alcalá de Henares y Daganzo de Arriba. No sabían estos últimos la suerte que tenían… porque resulta que Daganzo de Arriba es un lugar en el que los sueños se hacen realidad.
No sé cuántos años tenía cuando me di cuenta. 9… 10… no sé.
Ostras.
Nunca. Jamás. Pasara lo que pasara. Jamás. Nunca en la vida tendría una hermana gemela.
La tarde del viernes que murió mi padre, hace justo un año, la TíaA vino a buscarme al trabajo y fuimos a la fisio –a mi fisio, que es algo más que una fisio: que es mi psicóloga, mi consuelo, mi confidente, mi amiga– a que nos arreglara un poco el cuerpo a las dos, que lo teníamos más o menos así como el espíritu. Arrugado, constreñido, apagado. Dolorido.
Hoy hace un año que fue 18 de marzo.
18-03-18. Casi capicúa.
El 18 de marzo de hace un año era domingo. Hacía un día precioso. La Tía A estaba aquí. Papino-Rino estaba en el hospital… Estaba vivo.
Tomé la decisión de separarme embarazada de mi pequeña Plon. Apenas me quedaban dos meses para dar a luz, pero yo ya no podía más. Recuerdo perfectamente el momento, ese instante en el que abrí los ojos, miré mi vida de frente y supe lo que tenía que hacer.
Estas vacaciones he aprovechado para contratar un nuevo seguro para mi coche. Mejor precio, mejores condiciones… esas cosillas. Lo he contratado con una empresa que tiene una política específica para mujeres conductoras cuyas ventajas se engloban bajo el nombre de un personaje griego femenino, esposa del protagonista de una afamada obra y símbolo universal de la fidelidad conyugal y la castidad.
«Empezamos bien», pensé.