Harmanica,
Me gusta hablar de ti con mi psicóloga.
Se llama Clara y es muy mona y ya conoce los momentos en los que más falta me haces.
Como este.
«¿Qué te diría ella ahora?», me pregunta Clara.
Y yo te veo así, como en el vídeo, en boomerang en la piscina.
Dictando sentencia.
«Si es que… ¡te-lo-di-je! ¡Te lo dije, nena, te lo dije!». Eso sería lo primero que me diría, le contesto a Clara. Porque a ella le encantaba un buen «te lo dije».
«¿Te lo dije o no te lo dije? ¡Claro que te lo dije!!». Porque ella no necesitaba que nadie le contestara.
«¡Tontííísssssma eres, ya te lo digo!!! ¡Tontisssma del tó!». Que también le encantaba un buen «tontííísssssma» con sus eses bien largas y su «del tó» al final.
«Si es que… ¡siempre te pasa igual! ¡Siempre igual! ¡Tanto comprenderlo todo, tanto ponerte en el lugar del otro y tanta tontería que si con las emociones que si con los centros y los caminos y todo eso que no vale pá ná!». Porque para ella todo eso no valía para nada… aunque al final acabara viendo que sí. Que sí servía.
«Tú lo que tienes que hacer es hacerme caso a mí, que para eso soy tu hermana mayor. Y yo te voy a decir lo que tienes que hacer y ya verás qué bien te va». Y le hago todo el «chou» a Clara, con sus gestos y poniendo vocecicas. Porque yo me expreso así, con vocecicas. Aunque la harmanica lo hacía todavía más. Y mejor.
«¡Y si no lo haces tú, apártate, que ya voy yo para allá y lo hago yo!». Porque así terminaba ella todo. Haciéndolo todo.
Y entonces le cuento a Clara lo que tendría que hacer según la harmanica y lo que haría ella si viniera para acá y en ese momento se ríe y nos reímos las dos porque las psicólogas también pueden reírse y porque Clara ya te conoce, harmanica, aunque nunca te haya conocido.
Y ya no te pueda conocer.
«¿Y tú crees que funcionaría hacer lo que te diría tu hermana?» Porque, claro… Clara es psicóloga y tiene que hacer preguntas que te lleven a ese sitio en el que parece que te has dado cuenta tú de todo pero que en realidad te lo está mostrando ella.
Y yo ya no lo sé, harmanica. No sé si serviría.
Solo sé que aquí estoy de nuevo.
Girando en espiral y retorciéndome para seguir en el centro mientras intento sortear las balas y comprender a los que las disparan… apretando a mis vidas mientras les tapo los ojos para que no vean cómo lloro y me tambaleo porque las balas duelen y yo ya no puedo sostenerlo todo.
Y ya no sé nada.
Solo que sigo queriendo que vuelvas.
Aunque hoy haga dos años desde que te fuiste y no cuadren las cuentas del echar de menos.
Aunque sea molesto, inoportuno y casi obsceno que siga doliendo.
Pues a mí me sigue doliendo.
Porque Clara dice que tengo que decir más las cosas que no me gustan. Aunque sea a destiempo y el centro se sacuda como un terremoto y se caigan nubes y estrellas y hojas sibilantes.
No me gusta que no estés, harmanica. No me gusta que ya no puedas cuidarme.
Porque necesito que me cuiden. Así, como tú me cuidabas.
De una forma exagerada y desordenada casi siempre. Escandalosa. A veces hasta incómoda. A tu manera, sin preguntar.
Pero incondicional. Siempre.
Por encima de todo. Y a pesar de todo.
#TeEchoDeMenos💖

Es eterna e incombustible aunque la echemos tanto de menos. Tantíííisssmo!💓😘
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