Los cuatro

La tarde del viernes que murió mi padre, hace justo un año, la TíaA vino a buscarme al trabajo y fuimos a la fisio –a mi fisio, que es algo más que una fisio: que es mi psicóloga, mi consuelo, mi confidente, mi amiga– a que nos arreglara un poco el cuerpo a las dos, que lo teníamos más o menos así como el espíritu. Arrugado, constreñido, apagado. Dolorido.

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