Dudas de cine

El cine es siempre una fuente de conflicto para mi Ingeniera de Cominos, que es incapaz de sentarse a ver una película y disfrutar de lo que ve, sin más, como hacemos el resto de los mortales. ¡Que se lo digan al Niño Pizo! Menudo verano se ha pasado el pobre viendo Harry Potter en bucle e intentando dar respuesta a las innumerables cuestiones de su prima, a la que no le cuadraba casi nada de la historia…

No es de ahora… ella siempre ha sido así. Hace ahora dos años, cuando tenía seis, fuimos con los primos y la TíaA a ver Atrapa la Bandera, una película que nos encantó a todos, incluida ella. Al acabar, mientras caminábamos en fila para salir de las butacas, se dio media vuelta de repente, me miró y me dijo: “pero… mamá…” Yo me eché a temblar. “Avanza, cariño, no te pares”, le dije intentando evitar la pregunta. “Sí, pero…”, insistió. “A ver… dime…”, me resigné yo. “Tengo una duda: ¿Cómo es posible que a los niños que se cuelan en la nave espacial les sirvieran los trajes de astronauta si los que tenían que haber ido en realidad en ella eran todos mayores?”.

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Yo, como no soy la madre de Caillou, a veces me quedo sin palabras. ¡Yo! ¡Sin palabras! Y le digo cosas como “venga, camina, que estamos atascando la sala”, mientras intento inventar algo ingenioso a la altura de sus expectativas. En esa ocasión tuve suerte, porque le dije que era una pregunta tan inteligente que ni siquiera yo, que soy la mamá más inteligente del mundo, tenía la respuesta, pero que escribiríamos al Señor Gato, el director de la película, para preguntárselo. Y así, con las risas de lo de “Señor Gato”, se disipó la duda…

Días antes había visto Tarzán en la televisión. Cuando acabó, vino a decirme que le había gustado mucho. “Me alegro, cariño”, le dije sin prestarle demasiada atención. Pero se quedó ahí parada, mirándome de reojo, pensando si preguntar o no, analizando si ése era el momento oportuno para atacar… y se hizo ese incómodo silencio con el que sólo ella sabe ponerme en alerta. “Pero… mamá…”, se decidió finalmente.

¡JA! ¡Lo sabía! Ahí estaba… otro argumento de película tirado a la basura, como si lo viera…

  • Dime, hija…
  • Tarzán es un chico, ¿verdad?
  • Sí, claro
  • ¿Es un chico aunque lleve el pelo largo?
  • Ajá
  • ¿Y por qué lleva el pelo largo si es un chico?
  • Pues… (y aquí vino mi inteligente aportación): ¡Porque en la selva no hay peluquerías!
  • Ah…

De nuevo el silencio… esos segundos en los que ella madura la respuesta y yo rezo lo que no sé para que le sirva…

  • Pero… mamá…

Cachis. No hubo suerte.

  • Si en la selva no hay peluquerías… ¿Por qué los monos llevan el pelo corto?

Todavía se admiten sugerencias…

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