El ‘peti’

A mis dos nenicas, por la terapia gratis

De repente un día te levantas con el amor subido y, sin saber por qué, empiezas a preparar café para dos, aunque tú vas de superliberada por la vida y presumes de que no necesitas que nadie te caliente la leche ni nadie a quien calentársela. Con perdón. Y te acercas a la nevera y te pones a rebuscar detrás de las salchichas Frankfurt y el queso en lonchas el último peti de choco, ese que escondiste hace unos días para él.

Y mientras haces malabarismos para que no se te caigan encima los actimeles esos que parecen tentetiesos y vuelves a pensar que no entiendes cómo pueden diseñar tan mal una cosa tan fácil de diseñar, de repente escuchas: “Cielo, tenemos que hablar”.

¿Hablar? ¿Ahora? Que a ti te extraña… y mucho… porque crees recordar que en algún momento has insinuado que no te gusta hablar por las mañanas. Ni que te hablen. Pero igual no lo has hecho o al menos no lo has hecho bien, porque la cosa sigue. “Es que estoy pensando que… verás… cómo decirte… que tengo MQS, ¿sabes?”

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Entonces te das la vuelta con el peti en la mano sin comprender nada y sin saber si eso es grave o es otra gilipollez de las suyas y preguntas “¿MQS, amor?” y sonríes como si estuvieras intrigadísima aunque en realidad a ti no te gusta nada hablar por las mañanas… ni que te hablen… pero piensas “bueno, pues si hay que hablar se habla y si hay que escuchar se escucha, que eso es el amor…”

¿No?

E insistes, claro: “¿Qué es eso, mi vida? Cuéntame, que yo te escucho”.

Y tal.

Y entonces te contestan: “Sí, que tengo MQS. Que tengo… Más Que Suficiente”.

“¿Más Que Suficiente? Pero si sólo te he preparado el café… ¿no quieres el peti de choco? Que te he guardado el último, mi amor…”

Que… a ver… que no pasa nada, es un peti… pero que mentiste a tus hijos diciéndoles que no quedaban más y escondiste el último para él… y como no te cuadraba el asunto te montaste una película de indios en tu cabeza convenciéndote de que en realidad era lo mejor para ellos porque total, sólo quedaba uno y ellos son más y el pollo que iban a montar que si “¡para mí!”, que si “¡no, para mí!”… Y con el azúcar que tiene eso, encima, que elegir a quién se lo das es como elegir a cuál quieres menos, o peor… cuál quieres que muera antes, porque el que se lo coma tendrá más caries, y estará más gordo, y tendrá más cáncer de mayor y… uf… que al final lo mejor es guardárselo a Él, que le encantan, y a ti te gusta tanto verlo relamerse y decir “¡jo, nena, qué petis más buenos compras!”… que, ¡chica!… así es mejor para todos…

¿No?

Pero ahora va él y tiene MQS con el café bebido y tú allí con tu peti como un gilipo-llasmadre, que de repente no sabes qué hace Javier Krahe en tu cocina, y te mira y te dice que no, que no lo estás entendiendo bien, cielo mío, que en fin, que la cosa se está complicando un poco y que… Uf-Buf-Puf… quizá es el momento de dar un paso atrás –o dos, ya que nos ponemos- porque con lo que teníamos antes cuando no teníamos nada era MQS.

Y tal.

Y tú ahí parada delante del cajón buscando una cucharita para el peti que no sea de las de plástico de colores del Ikea, que no le gustan, y pensando que joder… que ayer estuvisteis viendo una película de mierda hasta las tantas sin cruzar media palabra y ahora te tienes que ir a un entierro y a lo mejor no vas a ser capaz de gestionar la cosa como dios manda…

Pero en fin, el amor es así y tendrás que hacer un esfuerzo…

¿No?

Y lo peor es que encima no tienes ni un triste polvo que llevarte a la boca para compensar porque como lo tuyo es comprender y comprender pues claro, anoche comprendiste que no estaba el horno para farolillos porque hija… ¡con lo que tiene él encima! Que su vida es toda ella un dilema y él, pobre mío, apenas una cáscara de nuez a la deriva de la incertidumbre…

Y tal.

“Pero… ¿Quieres el peti, mi rey?”, aciertas a preguntar. Vale, quizá no es lo más inteligente que puedes aportar, así que intentas arreglarlo, que lo tuyo son las palabras, coño, que se note. Así que añades: “Mira, que es de los que te gustan… de choco… y cucharita de metal”. Y sonríes, aunque no te gusta nada sonreír por las mañanas. Ni hablar. Ni que te hablen. Pero como te has levantado con el amor subido… pues te jodes. Y sonríes y hablas y escuchas y comprendes. Comprendes todo el rato. Comprendes sin parar porque eso es el amor.

¿No?

Entonces él te coge el peti de choco y la cucharita, porque una cosa es que se te atragante una relación y otra el desayuno, que es la comida más importante del día y además es sagrado. Y porque una cosa es afear una vida juntos y otra muy distinta rechazar el último peti, que eso está feo-feo. Superfeo.

Y entre cucharada y cucharada te explican que claro, que lo de Los Serrano estuvo guay, pero en la tele. Y que aunque follas como nadie y lo haces todo-todo como nadie pues al final esto es como las secuoyas, que vista una, vistas todas. Aunque sean gigantes y majestuosas y necesiten cientos de años para crecer y estén en peligro de extinción y quizá nuestros biznietos sólo las puedan ver en fotos.

Que son árboles, a ver… que tampoco hay que ponerse estupendos.

Pero que vamos, que te quiere. Mucho. Mogollón. Tanto que no concibe su vida sin ti, pero… que no hace falta arrimarse tanto, vaya. Que corra el aire. Y que eso… que con lo que teníais al principio cuando no teníais nada es MQS. Y hace un gesto así, a lo Raphael, como si se pusiera la chaqueta al hombro con un pelín de pluma, como si se apartara una mosca cojonera de la oreja, como si saludara al del quinto desde la otra punta del garaje aunque le caiga como el culo y lo evite en las reuniones de la Comunidad. Y resopla un poco así de medio lado, que eso a las moscas les jode un huevo.

¿No?

Y entonces comprendes a tu abuela cuando se presentaba en la mesa con el pavo relleno para diecisiete después de todo el puto día en la cocina y todo el mundo la miraba con horror y le decía que dónde iba con eso… ¡Si con los aperitivos era MQS, mujer!

¡MQS!

Y entonces ella pensaba “¡Pero si me lo pedisteis vosotros! ¡Si yo no quería preparar pavo relleno, que todas las Navidades me pasa lo mismo!” Que en realidad a ella le gustaría gritar “todas las putas Navidades” pero claro, eso es blasfemar y blasfemar está feo. Aunque no tan feo como rechazar el último peti.

¿No?

Porque tú, que no veías Los Serrano pero sabías que era una serie en la que se juntaban dos con un montón de chiquillos y parecía todo superdivertido pero que al final resultaba que todo era un sueño por no decir una auténtica pesadilla, que ahí acababa mal hasta el Tato y no era feliz ni dios con tanto chalé, tanta habitación, tanto calcetín sudado… tú… tú te sabías la canción, reconócelo, que era superpegadiza, y hacía tiempo que te pasabas el día tarareando lo del tren en la estación y lo del “uno más uno son nosécuántos”, que al fin y al cabo los números nunca fueron lo tuyo.

Y pensabas “bueno… si a ellos les salió bien…”

¡Pero si salió mal! ¿No te acuerdas de que salía fatal, alma de cántaro?

¿Pero tú no eras tan lista?

Y es que tú lo tenías todo meridianamente claro: que al llegar la noche cada mochuelo a su olivo, ¡que no quieres que te hablen por las mañanas!, pero ¡chica!… tanta “mujer de mi vida” por aquí, tanto “estar juntos hasta el final de nuestros días” por allá, tanta “suerte por haberte encontrado” y por la que dar gracias al karma, tanto “joder, cómo me la comes, nena”… que tú, que en realidad eres sólo una más y no todo eso que te habías terminado por creer, pues caes.

Y sientes “¡Jo… qué guay!” Y sonríes con los mofletes coloraos y los ojos chinos como si fueras un estúpido emoticono.

Y pestañeas muchas veces para dejar de ver lo que no quieres ver y te pones al lío con el pavo relleno aunque te dé por culo cocinar para diecisiete.

Y tal.

Y te presentas frente al mundo con tus circunstancias y tu futuro y tu sexo y tu comprensión y tu sonrisa y tu pavo relleno para diecisiete y se te queda tal cara de pringada cuando te dicen que “Uf-Buf-Puf, dónde vas con todo eso si yo con el peti de choco tenía MQS” que piensas… “No, si al final va a tener razón mi madre… ¡y no soy más que mediolista!”

¿No?

4 comentarios en “El ‘peti’

  1. La nani magüena dijo:

    Me gusta? No me gusta? Me gusta! No me gusta! … hay mucho amor, mucho desamor, mucha resignación,MUCHA mujer herida y MUCHA mujer valiente , a veces victoriosa y a veces nadie … y algunas cosas a mamá le gustan y algunas otras a mamá “no gutan”… Orgullosa de mi mediolista … eso siempre!

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