Ya no quiero

Siempre he querido tener 40 años.

Siempre.

Cuando todo iba mal, pensaba que con 40 años todo estaría bien. Todo en orden.

Todo controlado.

Pensaba que sería ya madura, pero aún joven.
Que tendría un trabajo estable y apasionante, pero que todavía estaría a tiempo de mejorar.
Que no tendría complejos, que sería fuerte.
Que nuestros hijos serían ya mayores pero aún nos necesitarían.
Que ya no tendría miedos.
Que tendría arrugas, pero pocas y con encanto.

Pensaba que me sorprenderían con una gran fiesta organizada por todos los que me querrían. Pensaba que con 40 años me querría mucha gente. Que vendrían de todas partes a demostrármelo. Que habría flores y cajas.

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Con el paso del tiempo fui adaptando esos pensamientos a la realidad:

Quien dice un trabajo ilusionante, dice un trabajo.
Algún complejo que otro me podría quedar, no haría falta ser perfecta.
Igual no iba a conseguir ser fuerte del todo.
“Nuestros hijos” podrían pasar a ser “mis hijas”.

Por si acaso, la fiesta sorpresa me la prepararía yo.

Sin embargo… en todo este tiempo… en todas estas variaciones y combinaciones imaginadas… en todas las vueltas y matices que añadí a este momento… entre todos esos detalles que creía tan atados y meditados… nunca caí en valorar la posibilidad de que quizá no estaríamos todos. Todos los importantes.

Nunca pensé que pasaría este día llorándote, papá.

Nunca pensé que faltarías tú a mi fiesta.

Nunca pensé que me encontraría con toda esa gente que me quiere una semana antes y en un tanatorio. Con tu cuerpo en una caja rodeada de flores.

No lo tuve en cuenta. Yo, que lo tengo todo en cuenta.

Y aquí estoy, el último día de la treintena de mi vida, escribiendo y llorando estas palabras delante del ordenador de un trabajo aburrido del que no consigo escapar mientras hago tiempo para ir a devolver tu último regalo del Día del Padre. Intacto. En otra caja.
Luchando contra mis miedos y mis complejos.
Fuerte, pero no tanto.
Arrugada, sin más.

Y Triste.

Y Antipática.

Y Enfadada.

Enfadada porque esto no estaba previsto. Porque jamás, en ningún momento de mi vida, ni por un instante, ni en un solo segundo de todos los incontables segundos que dediqué durante más de 30 años a pensar en mi 40 cumpleaños se me pasó por la imaginación que mi padre se moriría una semana antes de ese momento maravilloso en el que mi vida iba a cambiar para siempre. Enfadada porque me aterraba que te murieras el día de mi cumpleaños. Enfadada porque creía que era más fuerte, y más libre, y más feliz, y más todo… y resulta que no lo soy.

Resulta que estoy aquí… frente a frente con mi realidad… pisoteada… atrapada en este cuerpo que pesa una tonelada… pensando que los que dicen que a ti te gustaría que celebrara mi cumpleaños y siguiera adelante en realidad no tienen ni puñetera idea de lo que a ti te gustaría que hiciera.

Porque a ti lo que te gustaría es estar vivo y venir a mi fiesta. Y tomarte un cubata o un gintonic o un vino y protestar porque en realidad querrías estar en otro sitio. O protestar por protestar, que también te gustaba.

Porque yo tenía otras cosas pensadas para ti en este día. Quizá unas palabras de cariño, aunque tú no eres muy de discursos, o una mirada de orgullo desde el fondo de la sala, o un beso apretado… Incluso podías no venir si no te apetecía… no sé… Cualquier cosa menos morirte.

Porque tú no querías morirte.

Tú querías verme cumplir 40 años y contarme –como hacías cada 14 de abril– cómo fue la primera vez que me viste detrás del cristal de aquel nido. Fea, canija y berreando conectada a una máquina de oxígeno mientras los demás bebés –gorditos y lustrosos– dormían plácidamente.

“Ésa es la mía”, pensaste.

Y sí, lo era.

Yo era la tuya.

Así que ya no quiero fiesta ni quiero flores ni quiero nada.

Quiero llorar y enfadarme contigo por haberte muerto y haberme fastidiado mi fiesta.
Quiero tirarme al suelo y patalear y cumplir 39 otra vez.
Y tirarme la botella de Luis Cañas por encima, como el año pasado.
Y que me hagas arroz con setas y caracoles, como el año pasado.
Y reírme, como el año pasado.

Y tener un año menos y un año más contigo.

Y no cumplir nunca 40.

Porque ya no quiero.

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Un comentario en “Ya no quiero

  1. La Nani dijo:

    Cariño mío, mi niña cuarentona, tampoco yo pensé, nunca jamás, enterrar al amor de mi vida, pensaba que, puesto que todo lo hacíamos juntos, moriríamos juntos también, en un accidente de coche, probablemente, aunque era un poco difícil porque los “Fangios” como papá no tienen accidentes …pero la vida y la muerte no nos dan a escoger lo que queremos, no tenemos esa oportunidad y, por eso, aquí estamos, recordando y llorando a nuestro yeye pero …sabes una cosa? quizás no sepamos lo que él querría pero yo SÍ SÉ cómo despediría él a su mejor amigo …

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