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La madre de todas las Crónicas Marquianas

En julio de 2008, La Hermanica y yo llevamos a mi sobrino, el Niño Pizo, al Zoo. A punto de cumplir cuatro años, todavía era el Único en la familia…

Cuando llegamos, lo primero que vimos fueron los flamencos. Me agaché a su lado a observarlos y, con los ojos enormes, me preguntó: «Tía-i… ¿cómo se llaman esos animales?». «Flamencos, cariño», le dije yo, «se llaman flamencos».

Entonces me miró, se quedó observando los flamencos con atención y, al rato, me volvió a mirar y me preguntó: «pero… ¿todos?».

Y así nacieron las Crónicas Marquianas.

El ‘peti’

A mis dos nenicas, por la terapia gratis

De repente un día te levantas con el amor subido y, sin saber por qué, empiezas a preparar café para dos, aunque tú vas de superliberada por la vida y presumes de que no necesitas que nadie te caliente la leche ni nadie a quien calentársela. Con perdón.  Sigue leyendo

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Ser o no ser… una mandarina

De vez en cuando me pongo estupenda y tomo decisiones trascendentales del tipo «¡en esta casa se toma fruta de postre y punto pelota!», cosa que a mis hijas no les sienta excesivamente bien, sobre todo a la Ingeniera de Cominos y a su tendencia natural a cuestionar todos y cada uno de mis actos.  Sigue leyendo

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¡Feliz Cumpleaños a mí!

Mi Ingeniera de Cominos me dijo hace unos días, de buena mañana, que no se creía que todavía no fuera cuarentona. Yo me hice la súper indignada y le dije: «vale, saca papel y lápiz, que vas a restar: 2017 menos 1978». La idea le debió parecer aterradora porque acabó cediendo. «¡Vale, vale! ¡¡Te dejo que seas treintaynueveona!!»

El tema no es nuevo… Hace ya tres años, cuando ella no tenía todavía 5 y yo me encontraba en la flor de la treintena, me regaló esta bonita reflexión mientras le hacía trenzas frente al espejo:

– Mamá, ¿tú sabes lo que te va a pasar?
– No sé… ¿qué me va a pasar?
– Pues que te vas a hacer una viejecita así «¡arrugada, arrugada, arrugada!» (mientras encogía los codos y los deditos como si estuviera contando monedas)
– ¡Hombreeeeee! ¡Jolín, qué cosas me dices, hija! ¿y a ti? ¿qué te va a pasar a ti?
– Pues que me haré mayor como tú eres ahora
– Claro… y tendrás tus bebés y serás mamá como yo… ¡pero para eso queda muuuuuuucho tiempo!
– Sí… pero para lo tuyo queda menos.

¡Feliz cumpleaños a mí!

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…Y coincidir

Cuando era pequeña (y repelente, lo sé), me afectaba mucho todo lo que me decían. Después también… aunque de eso me di cuenta mucho más tarde. Cuando me sentía mal, solía hacerme un ovillo en la moqueta de nuestra primera casa, cerraba los ojos y me imaginaba a mí misma ahí sentada, sola, vista desde un cohete que subía y subía… y que se iba alejando al tiempo que yo me hacía cada vez más y más pequeñita… hasta que ya no se me veía… hasta que desaparecían mi casa, los tejados, mi ciudad, mi país, los otros países, los continentes, mi planeta, los otros planetas… y sólo se veían estrellas y cielo negro. Sigue leyendo

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La vida -y ellas- es -y son- así

Al Koala le han puesto en el cole los dibujos de La vida es así. Me lo ha contado este fin de semana tan contenta, porque ahora ya sabe que los virus son bichos feos y malos pero que también están los de color carne que son buenos y nos curan por dentro y llevan burbujitas en la espalda.

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Lo justo y necesario

La vida te trae, te lleva, te da, te quita… a veces te sacude, otras te eleva y te hace volar; en ocasiones marea hasta hacerte desear a gritos que pare todo… que tú te bajas… pero en medio de toda esa locura LA VIDA, con mayúsculas, siempre te ofrece un lugar seguro al que volver. No importa dónde, Amiga… nos seguiremos encontrando.

Todos los amigos de mamá son buenos

Ayer murió uno de los mejores amigos de una de mis mejores amigas, con el que yo había coincidido a menudo y al que tenía mucho aprecio. Estuve todo el día impactada por la noticia, porque tenía 38 años y porque hacía apenas mes y medio que le habían diagnosticado su enfermedad.

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Al menos ponte guapa…

Hoy he ido a contar un cuento a la clase de Mi Medianita Favorita para celebrar el Día del Libro. Esta mañana, cuando la he sacado de la cama, se lo he recordado y se ha puesto contentísíma. Al rato, entra en mi habitación y me pregunta: «mami, ¿de qué te vas a disfrazar?» Le digo: «pues de nada, cariño… voy a ir vestida normal». «Es que la mamá de Fulanito», me explica, «ha venido disfrazada de Minnie a leernos el cuento». «Ya… Pero es que yo me tengo que ir después a trabajar… y además no tengo ningún disfraz». Entonces ha suspirado, me ha mirado de arriba a abajo y me ha dicho: «bueno… pero por lo menos ponte guapa, ¿vale?».