Siempre he querido tener 40 años.
Siempre.
Cuando todo iba mal, pensaba que con 40 años todo estaría bien. Todo en orden.
Todo controlado.
Siempre he querido tener 40 años.
Siempre.
Cuando todo iba mal, pensaba que con 40 años todo estaría bien. Todo en orden.
Todo controlado.
Ayer MisMonas y yo cantamos esta canción en el coche y decidimos incluirla para siempre en nuestra lista de Spotify. ![]()
Les conté que la mamá de Gabriel había pedido que la escucháramos todos porque fue la última que bailó con su hijo. Su bebé. Su Pescaíto.
Para ti, mi otra hermanica. La rubia.
Por nosotras, las reinas del harakiri.
Sí, es cierto: podía haberlo hecho todo mucho mejor. Lo reconozco.
Lo hice fatal.
Todo.
En general.
Vivíamos en L’Hospitalet, así que yo debería tener unos cinco o seis años. Mis padres se reían mirando una revista y yo me acerqué a curiosear. Era un chiste de Forges, pero yo no lo entendía.
Hoy es el cumpleaños de Tercerita… De mi Pequeña Plon, del Pompón, de mi Sorpresa, mi Perdonavidas, mi Bombón, mi Bebé… Que ya cumple cinco. Sigue leyendo

Recuerdo la primera vez que lo vi llorar. Se había muerto un amigo, ahora entiendo que demasiado joven, aunque entonces a mí me parecía que ya habían vivido lo suficiente. No sé cuántos años tendría yo, pero pocos. Estábamos en la cocina de nuestra primera casa y él lloraba desconsoladamente. Decía que era injusto y temblaba, apoyado sobre la encimera. Me asusté. Me asusté porque en mi mundo los papás no lloraban. Nunca había visto a uno llorar… y menos al mío.
Siempre me han dado un poco de repelús los “Días Mundiales de”. De lo que sea, me da igual. El de la Mujer Trabajadora, el Del Niño, la Niña, el Del Abuelo, el Del Espíritu Santo… No me gustan. No sé muy bien por qué, pero ni me mueven ni me conmueven. Es más, en mi caso son contraproducentes. Me enfurruño cuando empiezo a recibir lacitos rosas, o verdes, o azules, o negros… y mensajes absurdos que dicen que nosotras podemos con todo…
¡Con todo! ¡Nada más y nada menos!
Mi hermana, la TíaA, tiene cáncer de mama. O lo tuvo… no sé. Ahora no lo tiene (que sepamos), pero yo no sé si estas cosas se tienen para siempre o si llega un momento en que puedes hablar en pasado con propiedad. Mi hermana mayor, mi única hermana, la TíaA, tampoco es la madre de Caillou… ni siquiera es la tía de Caillou. Pero hoy es su cumpleaños y, desde que tiene –o tuvo- cáncer de mama, a mí me da la sensación de que tenemos que celebrarlos todos mucho más.
Hay veces que es mejor dejar hablar a los demás.
Llevo un tiempo queriendo escribir sobre lo determinante que es la actitud en la vida, lo bien que me va a mí personalmente desde que «me encontré el ombligo», como dicen mis dos nenicas; desde que aprendí lo importante que era cuidarme a mí misma para poder cuidar mejor de los demás, desde que descubrí el valor de todo lo que me rodea, la enorme diferencia que hay entre un drama y una «circunstancia adversa que afrontar»….
Pero es que este tipo lo explica mucho mejor que yo, así que os dejo con él… ¡Aunque no prometo no retomar el tema!
¡Y punto pelota!
PD: Thanks again, Bro… por todas las cosas que enrique-zen mi vida 😉
Eras sólo un bebé cuando empezó a asombrarte el mundo, ese mundo que mirabas con los ojos muy abiertos desde tu sillita, en silencio, profundamente, sin sonreír, como si tu cabecita ya alcanzara a comprender lo que los mayores apenas intuíamos… Sigue leyendo