Siete años.
S-I-E-T-E.
Siete años desde que naciste y siete y un poquito desde que encendiste el interruptor de mi luz interior precisamente desde ahí… Desde dentro. Desde mis entrañas.
Siete años.
S-I-E-T-E.
Siete años desde que naciste y siete y un poquito desde que encendiste el interruptor de mi luz interior precisamente desde ahí… Desde dentro. Desde mis entrañas.
Todas las mañanas, cuando llegamos al colegio, la Ingeniera de Cominos me da un beso acelerado en la puerta y se va corriendo al rincón del patio donde queda con sus amigas.
16:30h. Patio del colegio. Salen Mis Monas: Medaslamerienda mayor, Medaslamerienda mediana y Medaslamerienda pequeña.
«Venga, vamos, que llegamos tarde».
(Nota mental: Debería apuntar las veces que digo esta frase al día… Aunque entonces se me haría aún más tarde… 🤷🏼♀️)
—Mamá, ¿qué es ser una perra en la cama? —me pregunta mi Koala de 7 años con su voz dulce y cantarina y sus enormes ojos redondos y curiosos clavados en los míos -ojerosos, cansados y atemorizados-.
*Nota aclaratoria: Escrito en femenino por pura comodidad.
Úsese también en sentido contrario si fuera (o fuese) necesario
En ocasiones acabamos atrapadas en relaciones imposibles porque nos erigimos en salvadoras del otro. En sanadoras, cuidadoras perpetuas, hombros siempre dispuestos a consolar llantos ajenos.
Atendemos y tenemos en consideración traumas de la infancia, problemas antiguos y recientes, conflictos con madres, padres, exparejas y otras faunas, ansiedades y angustias varias, miserias de todo tipo. Por comprender, comprendemos hasta lo incomprensible. Entendemos lo que, desde fuera, nos extrañaría que alguien fuera capaz de entender. Abanderamos causas que ni siquiera sus responsables atienden.
Daganzo de Abajo desapareció entre la bruma del recuerdo hace más de un siglo. Sus últimos vecinos de entonces, empujados por la soledad y la despoblación, se repartieron entre las localidades de Ajalvir, Alcalá de Henares y Daganzo de Arriba. No sabían estos últimos la suerte que tenían… porque resulta que Daganzo de Arriba es un lugar en el que los sueños se hacen realidad.
Antes de separarme de El Padre de las Criaturas vivíamos en una casa con un mirador precioso en el que coloqué –un día cualquiera– una casa de pájaros que encontré en una tienda de regalos.
No sé cuántos años tenía cuando me di cuenta. 9… 10… no sé.
Ostras.
Nunca. Jamás. Pasara lo que pasara. Jamás. Nunca en la vida tendría una hermana gemela.
La tarde del viernes que murió mi padre, hace justo un año, la TíaA vino a buscarme al trabajo y fuimos a la fisio –a mi fisio, que es algo más que una fisio: que es mi psicóloga, mi consuelo, mi confidente, mi amiga– a que nos arreglara un poco el cuerpo a las dos, que lo teníamos más o menos así como el espíritu. Arrugado, constreñido, apagado. Dolorido.